#Automovilismo Lucas Garro se quedo con el Gran Premio de la Hermandad.
En un fin de semana inolvidable, Lucas Garro (Honda Civic) navegado por su papá Marcelo lograron una contundente victoria en la 51° edición del Gran Premio de la Hermandad y escribieron una página dorada en el inicio de la nueva era de la mítica carrera argentino-chilena. Facundo Carletti (E) se quedó con la Challenger definitiva tras la exclusión de Petre Aguilera.
La foto es gentileza de Ana Clara Willer.
Siempre hay una primera vez. Dejando atrás la página negra que significó la edición 50 del mítico Gran Premio de la Hermandad, esta nueva era que se puso en marcha el fin de semana con la 51° versión del GPH, nos impone una página dorada más para el palmarés de la tradicional competencia.
Es que el piloto ushuaiense Lucas Garro, navegado por su papá Marcelo y al comando del Honda Civic, obtuvo de forma inobjetable su segundo triunfo personal -ya había celebrado en la D con el Ford Ka en 2022-, dejando huella imborrable al convertirse en la primera dupla padre-hijo-piloto-navegante que consigue ganar la general del Gran Premio.
Y vaya que no era una edición más, porque se implementaban los cambios obligados en materia de seguridad y parcialización de la carrera que tanto tiempo se venían postergando, generando junto a la complicada situación económica, una merma en la cantidad de anotados que rondó las 60 máquinas.
Todo se inició como de costumbre con el clasificatorio en la localidad de Porvenir, sede fuerte para este año, con un recorrido de velocidad pura por el clásico sector del Club de Huasos donde se empezaron a visualizar las primeras tendencias pensando en el comienzo de la etapa sabatina.
Para esta oportunidad el clasificatorio era sumatorio, además de ordenatorio, dejando algunas sensaciones magras como la de Santino Carletti. El pibe de Rio Grande tuvo una salida de pista y no pudo ser de la partida al día siguiente.
Al término de la prueba especial, Lucas Garro era el más rápido de la G y la clasificación general escoltado por Jacob Masle en una lucha que invitaba a ilusionarnos -diferencia de apenas 81 centésimas-, en tanto que Nacho Pavlov vencía por apenas 8 centésimas a Matias Villarroel en la otra gran disputa que tenía la carrera dentro de la categoría D.
Por su parte, Facundo Carletti iniciaba el camino hacia la Challenger definitiva escoltando a Petre Aguilera en la E.
Tal como mencionamos previamente había cambios sustanciales en la parcialización de la carrera. El sábado se partía desde la salida de Porvenir cuando comienza el ripio hasta el Cruce Baquedano, continuando en velocidad controlada hacia Onaisin.
Luego desde el cruce volvía la velocidad hasta la Frontera Chilena de San Sebastián -tomando como referencia Don Lalo- en el tramo más exigente de la jornada y, por último, se encendía el rugido de motores desde Chorrillos hacia La Arcillosa en sector argentino para llegar en enlace al autódromo de Rio Grande.
Sin lugar a duda, el golpe de escena tempranero que tuvo la Hermandad fue el abandono de Jacob Masle, sufriendo el incendio total de su Honda Civic y quitándonos el pretendiente más férreo que presentaba la batalla con Garro en la máxima divisional cuando apenas iban 100 kilómetros.
Ante esta alternativa comenzó la supremacía del veloz piloto de Ushuaia que marcó el rumbo en el camino y en los relojes en ambas etapas, sin pasar zozobra ni mayores inconvenientes.
Fue el único binomio que marcó menos de 2 horas para unir Porvenir con Rio Grande, le sacó casi 3 minutos a su más inmediato perseguidor, Branko Guic, y cerca de 4’ a Christobal Masle, para afianzarse en busca de la gloria eterna.
En la otra gran batalla que se presentaba, los hermanos Pavlov sostuvieron la punta por delante de Mati Villarroel en la D -apenas 27 segundos los separaron-, en tanto que el chileno Mati Navarrete entraba tercero a la expectativa.
Petre Aguilera no daba el brazo a torcer en la contienda por la Challenger definitiva con Facundo Carletti (E) y obtenía una renta de 30 segundos para emprender el regreso hacia Porvenir en la jornada dominical.
Killiams Ruiz (F), Damian Alvarado (C1) y Constante Moreno Preto (A) eran los otros vencedores parciales.
Ya inmersos en el día final el punto de comienzo estaba pautado en las cercanías del puente de La Arcillosa, visualizando un tramo con algo de escarcha hasta Chorrillos, pero ingresando en zona resbaladiza desde Las Flores hacia Puesto del Ocho, donde se empezaban a jugar las últimas cartas.
Pero fiel a su estilo y para no dejar espacio al azar, Garro salió con el cuchillo entre los dientes a ampliar la ventaja superando una complicada pasada por la zona de Los Tanques donde estuvo cerca de volcar su auto.
La tónica se mantuvo hasta Onaisin, liderando el grupo y extendiendo la renta favorable con respecto a Guic y Masle, para encarar los últimos kilómetros hacia Porvenir desde Baquedano con la tranquilidad de que, salvo un imponderable grande, nada podía arrebatarle la victoria.
Y así fue nomás. Con la emoción a flor de piel y la historia bajo su zapatilla derecha, Lucas Garro junto a su papá Marcelo en la butaca derecha cruzaron la línea de sentencia convirtiéndose en la primera dupla padre-hijo que consigue adjudicarse el Gran Premio de la Hermandad en su clasificación general.
“No se si es una mochila de encima que me saco, haber podido lograr la victoria en la G era algo que buscaba. Fueron muy emocionantes los últimos kilómetros, trataba de mantenerme concentrado”, enfatizó en palabras a la TV Pública Fueguina tras llegar a Porvenir.
Y agregó: “Con mi viejo en la butaca derecha, mi hijo acompañándome todo el fin de semana. No todos tienen la suerte de compartir la carrera así en familia y lo disfrutamos mucho. Todavía no caigo, creo que por la emoción del momento. Se que es muy difícil lograr esto”.
Haciendo referencia a padre e hijo, otro que escribió un capítulo histórico fue Federico Bronzini, quien junto a Stefano en la butaca derecha se quedaron con el triunfo en la categoría F mientras que Matias Villarroel hizo lo propio en la D, tras dar cuenta en un duelo sensacional de Nacho Pavlov, para acumular su segundo éxito consecutivo en el segmento y quedar a tiro de la Challenger definitiva.
El riograndense Facundo Carletti, vaya apellido si los hay, logró alcanzar esa proeza al término de la prueba y tras la exclusión de Petre Aguilera por inconsistencias en el árbol de levas de su unidad.
Constante Moreno Preto (A) y Luis Marchisio (C1), dos leyendas vigentes, conquistaron nuevos triunfos para sus trayectorias y también disfrutaron del Gran Premio de la Hermandad con todas las luces.
Prueba superada. Objetivo cumplido. La edición 51 dejó su marca y es, nada más y nada menos, el comienzo de una nueva era.