¡VAMOS LOS PIBES!

Ushuaia gritó campeón en una semana histórica para el deporte provincial, con una multitud siguiendo el Campeonato Argentino de Selecciones Juveniles y copando las gradas del flamante Microestadio “Cochocho” Vargas. Tras una vibrante final en la que superó 3-2 a Tucumán con goles de Mansilla, Rojas y Pescio levantó por cuarta vez la corona nacional de la categoría.

Y un día volvimos a ser anfitriones... En esta oportunidad para recibir a un Campeonato Argentino de Juveniles después de cuatro años de sequía localista desde aquella División de Honor 2012.

Nunca mejor ubicado en el tiempo, reinaugurando oficialmente el “Cochocho” Vargas, templo del salonismo fueguino y con un acompañamiento del público nunca antes visto. Más de 1500 personas dentro del recinto y otras 400 que quedaron afuera.

Un movimiento magnánimo que vuelve a poner al deporte en lo más alto de la agenda provincial y al Futsal como disciplina predilecta en el Fin del Mundo.



Lo que aconteció entre domingo y sábado nos deja sin palabras, con imágenes que hablan por sí solas y un sinnúmero de emociones vividas que nadie podrá borrar de su memoria.

Todo comenzó con el triunfo por goleada 13-0 ante 28 de Noviembre en la fase de grupos, mostrando un juego de alto vuelo frente a un rival que no planteó ningún tipo de dificultad. Luego vino otro triunfo pero frente a los rosarinos por 4-0 antes de tropezar con Comodoro Rivadavia en un cruce adverso por 0-1.

Cerrando la fase clasificatoria volvió la alegría con el 3-1 ante Rosario, que nos posicionaba como segundos en el Grupo B y obligaba a medirnos cara a cara con Rio Grande en el clásico fueguino.

Lleno total, apoyo inigualable y heroico éxito 3-2 ante los coterráneos con la definición de Nahuel Álvarez a pocos minutos del cierre del partido.



Infarto a la vuelta de la esquina
Luego quedaban dos pasos más hacia la gloria eterna, tratando de emular las anteriores conquistas juveniles concretadas en Corrientes 2008, Rosario 2012 y Mendoza 2013. El primer escollo fue el más complicado.

Comodoro Rivadavia, el equipo que nos había vencido en la llave de grupos, arribaba al cruce con los anfitriones invicto, sin recibir goles en contra ni perder partidos. Pero Ushuaia en su amplitud pudo más.

Lo comenzamos ganando con la definición de “Juanchi” Garay, aunque todo se iba a poner cuesta arriba después del gol en contra de Mansilla y la falla en ataque que puso a Carrizo -goleador del torneo- con espacio para atacar a la defensa y asistir de manera impecable a su compañero para el 2-1.

Para colmo, por si fuera poco, el capitán y emblema hasta aquí: Tomás Pescio, veía su segunda amarilla y se veía obligado a abandonar la cancha con tarjeta azul.

Estábamos en jaque. El público y las familias sufrían. Pero los jugadores pusieron lo que hay que poner.

A falta de dos minutos para la chicharra final del juego, una infracción en el borde del área nos puso a tiro de la igualdad. Tiempo pedido, maniobra táctica del gran “Cochochito” y desahogo fundamental de la mano de Kevin Rojas, para un festejo inolvidable por donde se lo mire. Pocas veces se volverá a sentir algo así. Energía positiva, de eso se trata.

Ya en el alargue se agigantó la figura del “Pety” Matías Nicoliello. Es que luego de haber tapado innumerables pelotas de gol -una triple atajada monumental- en el tiempo regular, se calzó el protagonismo al hombro y desenfundó desde propio campo para estampar la pelota en el ángulo del gran arquero comodorense (3-2).

El cuarto, con un gusto a revancha exquisito, recaló en Axel Mansilla -había anotado en contra-, sellando el resultado que nos metía por segundo año consecutivo -subcampeón 2015- en una final nacional juvenil.



El último escalón
Ushuaia llegaba como favorito a la definición ante la revelación tucumana que tenía en Esteban Córdoba -jugador del torneo- a su arma más letal.

Desde el inicio, como sucedió desde el primer encuentro, tuvimos el protagonismo y la posesión de la pelota abriendo el cerrojo del marcador por intermedio del zurdito Axel Mansilla. Poco tiempo después un error en defensa puso al habilidoso número 5 rival en chance de gol. No titubeó y la clavó en un ángulo decretando el empate.

Cuando se nos empezaba a ir la etapa inicial, Kevin Rojas peleó en mitad de cancha y encaró hacia la valla tucumana con ímpetu, amagando el pase de forma magistral para definir por debajo del arquero (2-1). Así nos fuimos al entretiempo.

En la segunda etapa todo comenzó de la misma forma, pero con Tucumán más adelantado. Nicoliello salvó un par de pelotas hasta que un polémico fallo arbitral derivó en penal para los visitantes que convirtieron y renovaban sus ilusiones para meter el batacazo.

No obstante, Ushuaia siguió enfocado y metido. Fue a buscar la ventaja y se iba a dar en una pelota parada, otra vez.

Palabras claves de “Cochochito”, ejecución impecable de Garay y el capitán Pescio que la empujó a la red para desatar la algarabía.

No hubo tiempo para más. Ushuaia campeón argentino en juveniles por cuarta vez en la historia. La más preciada por el contexto, sin lugar a dudas.

Ahora el desafío aumenta porque esto no terminó el sábado. A seguir escribiendo la historia, muchachos...

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