FUTURO DORADO

Por Tomás Rodriguez Couto (Especial para MZL desde Rio)

Resulta injusto realizar un balance tan general cuando cada deporte merece su análisis pormenorizado. Pero la primera mirada no deja dudas: la cosecha argentina en estos Juegos Olímpicos resultó ser impensada para propios y extraños. Mientras los pronósticos internacionales insinuaban que no se iban a superar las tres medallas, finalmente fueron cuatro, con tres de ellas de oro.

Ni el más optimista presagiaba que la Argentina igualaría la máxima cantidad de doradas alcanzadas en los últimos 68 años, cuando la Argentina era potencia en boxeo y aun estaban ausentes con aviso los africanos en las pruebas de fondo y los albicelestes se destacaban en maratón.

En definitiva la judoca Paula Pareto, la dupla Santiago Lange y Cecilia Carranza en clase Nacra 17 de vela (el caso emblema de que la cercanía debía beneficiar a la planificación) y Los Leones fueron los grandes responsables de que esto se repita.

Párrafo aparte para Juan Martín Del Potro con una plateada que vale oro a base de emociones bien fuertes partido tras partido.

El ENARD (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) no esperaba semejante cantidad de títulos olímpicos, cuando en la previa ya veía muy lejos a Colombia (ni hablar de Brasil) y se focalizaba en tener en cuenta cuántos llegaban a ser finalistas.

“Estamos felices. El objetivo está logrado pero podríamos haber ganado alguna medalla más”, enfatiza Mario Moccia, Secretario General del Comité Olímpico Argentino cuando el conjunto nacional cerró en el 27º lugar del medallero (la mejor actuación desde Roma 1960), aunque en el total (sin distinguir valores) desciende al 45º.

“Recibimos todo en no muy buenas condiciones y así y todo se hizo un gran trabajo”, explica, haciendo un balance, Diego Gusmán, Jefe de Misión y el primero de la delegación en arribar a Río y detectar los problemas en la Villa. “Pero es una visión sesgada si se habla solo de podios. Un ejemplo es Jamaica que solo ganó medallas en atletismo. Esas no son referencias”.

En el ítem finalistas también hubo un crecimiento. Mientras en Londres 2012 se sumaron 10 diplomas (puestos cuarto al octavo), esta vez fueron 11, aprovechando, por caso, la inserción al programa olímpico del rugby (sexto puesto para Los Pumas) y el golf (el chaqueño Emiliano Grillo fue octavo).

A ellos se sumaron los boxeadores Yamil Peralta (récord 1-1; quinto puesto) y Alberto Melián (récord 2-1; quinto lugar), Patricia Bermúdez (quinto puesto con una victoria y dos derrotas), la tiradora Melisa Gil, el jinete Matías Albarracín (ambos octavos), los hermanos Yago y Klaus Lange (séptimos en la clase 49er de vela) y las derrotas en cuartos de final del seleccionado masculino de vóley (quinto puesto), Las Leonas (séptimas) y de la Generación Dorada en su despedida (octavo lugar que certificó el retiro de Emmanuel Ginóbili y Andrés Nocioni).

Claro que cada diploma tiene diferentes lecturas. Mientras para muchos de ellos meterse entre los ocho mejores del mundo resultó un resultado altamente positivo (Gil, Grillo, Albarracín, Yago-Klaus), para otros era el objetivo de mínima (Pumas, Bermúdez, Peralta, Melián, básquetbol, vóley) o resultó, simplemente, una decepción (Leonas).

Junto al vóley se puede ubicar a los seleccionados de handball (aunque sin pasar de ronda). En los tres casos, sus máximas figuras no pudieron estar al 100% en los momentos clave, situaciones fundamentales para dar el salto de calidad que se esperaba en este ciclo olímpico. Sucedió con Facundo Conte (se lesionó el tobillo derecho en el primer set ante Brasil), con Diego Simonet (rotura de ligamentos a tres meses de los Juegos) y Elke Karsten (resentida en los primeros partidos hasta quedar afuera definitivamente).

Pero también hubo sonrisas. En atletismo, Germán Chiaraviglio y Braian Toledo consiguieron que haya dos finalistas en el deporte rey después de 64 años, mientras que en nado sincronizado las rosarinas Etel y Sofia Sánchez crecieron cuatro puestos respecto a Londres y terminaron 19as, en un deporte en donde los saltos repentinos son utopía. Otros deportes, con nula o escasa experiencia olímpica hasta llegar aquí se llevaron buenas impresiones, como los K4 masculino y femenino en canotaje, Las Panteras (con apretada victoria ante Camerún) o Emmanuel Zapata en pentatlón moderno.

No se puede obviar lo del nadador casildense Federico Grabich (medalla de bronce en el Mundial 2015) que no pudo alcanzar semifinales como objetivo de mínima y mucho menos una histórica final o lo hecho por Ana Gallay y Georgina Klug, de buenas actuaciones en el Circuito Mundial, pero con una zona dura que las dejó sin victorias aquí. Los Juegos también se nutren de tristezas.

Argentina creció. Es cierto. Como también lo hacen los otros Comités Olímpicos. El desafío, como siempre, debería estar en el desarrollo de los más chicos. Solamente el largo plazo puede generar crecimiento sostenido, sin picos esporádicos.

Porque como quien dijo una de las protagonistas de la delegación por los pasillos de la Villa: “Hay que trabajar con los más chicos. En Europa ya con 10,11 años tienen técnica depurada. Hay que romper límites. El alto rendimiento es sufrimiento constante”. Tan cruel como real...

Dejanos tu comentario

Si tenés algún comentario para hacer postealo aqui...