LO QUE PARECÍA IMPOSIBLE

Por Tomás Rodriguez Couto (Especial para MZL desde Rio)

“No sabía que esto pasaría cuando empecé", confesó Usain Bolt en su última noche en un Juego Olímpico. A decir verdad, nadie lo sabía.

Pocos creían en él. Beijing 2008 fue su carta de presentación en el mundo entero. Porque buenas marcas en pruebas de velocidad nunca garantizan grandes conquistas. Y el show que ensayaba Usain Bolt se debía sostener en la pista con títulos olímpicos.

Incluso su entrenador iba por otra senda: aseguraba que su fisonomía era acorde a los 200 y a los 400 metros Sin embargo, el jamaiquino brilló en el Nido de Pájaros y consiguió la triple corona: se quedó los 100 metros, 200 metros y la posta 4x100.

Ya en Londres 2012 la situación era distinta. Dueño de todos los récords, se dedicó a confirmar su vigencia como el mejor del mundo.

A Río, en cambio, llegaba con dudas y poco rodaje. Con molestias físicas en los clasificatorios de su país, su seleccionado hizo una excepción y lo incluyó en la nómina oficial antes de que tuviera su marca positiva en la misma Londres.

Y el tiempo les dio la razón. El único capaz de llenar el Estadio Olímpico durante las jornadas de atletismo y con un carisma que los máximos organismos del atletismo van a extrañar, tuvo otra brillante actuación en 100 metros, solidez en 200 (el único en bajar los 20 segundos) y explosión en la última posta de 4x100 para lograr lo imposible. Histórico Triple-Triple.

Así, claro, sumó nueve doradas; récord en la historia olímpica del atletismo, igualando al finlandés Paavo Nurmi y al estadounidense Carl Lewis. Solo el nadador Michael Phelps tiene más títulos en la cita máxima del deporte.

“Ahí lo tienes, soy el más grande"

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