VAR: EL FIN DE LA ILUSIÓN

(Por Fernando Madera)   

Reflexiones sobre el mundo, el VAR y el futbol moderno.

La vigilancia social a través de la tecnología -cámaras, sensores térmicos, reconocimiento facial- ha irrumpido en la cotidianidad humana con fuerza inusitada. Los adelantos de la última década permiten que quien tenga el monopolio de la tecnología y el derecho a usarla pueda saberlo todo sobre las personas que elija espiar. En los últimos meses hemos asistido a una seguidilla de noticias relacionadas a este tema, desde la instalación de cámaras con reconocimiento facial en el subte, hasta la compra por parte de la AFIP de un software para detectar "emociones sospechosas" en el Aeropuerto Internacional Ezeiza. Todo en nombre de la justicia.

El ambiente del fútbol no escapa a esta tendencia global. El uso del célebre VAR (Video Assistance Referee) en competencias oficiales ha desatado mas polémicas que las que supuestamente venía a evitar. El fútbol pasó de tener un referí a añadir dos jueces de línea, luego un cuarto árbitro y finalmente cuatro personas más en un cubículo con pantallas que todo lo ven: el VAR. Total de personas observando el juego con posibilidad de influir sobre su desarrollo: 8. Cuando hay tanta gente observando el partido con una asistencia tecnológica que supera al ojo humano -repetición, zoom y cámara lenta- es inevitable que la fluidez del mismo se vea afectada. Siempre hay algo para objetar. En un match de 11 contra 11 suceden hechos simultáneos en todos los sectores del campo. Cuanto mas intenso sea el escrutinio, mas se interrumpirá el juego. Lejos de ser una herramienta que desaliente la transgresión del reglamento, el VAR funciona como ente punitivo, que no evita faltas, sino que descubre nuevas constantemente. ¿Cuál será la próxima aplicación de FIFA? ¿Micrófonos plantados para poder escuchar algún insulto fuera de lugar y ejercer castigo acorde?

Los inconvenientes con el VAR son varios, aunque el mas significativo es el que tiene que ver con el offside. La ley del offside es una regla rígida aplicada a un deporte dinámico, donde el reloj no se detiene. La forma en que se aplica no se corresponde con la esencia del fútbol, que necesita de continuidad para poder fluir y ofrecer lo que todo espectador quiere: espectáculo. Esta regla surgió para evitar el famoso "pescador," aquel jugador que se quedaba siempre arriba esperando el pelotazo. Una actitud tan anti-futbolística merecía ser contrarrestada, por lo que se comenzó a aplicar la ley, la cual necesitó de dos jueces extra para asistir al referí principal, demasiado ocupado observando otras cosas.

El problema con la ley no es su espíritu, sino su rigidez. Para evitar la evidente ventaja que supone tener un jugador 90 minutos merodeando el área contraria, se pensó una regla en extremo severa que castiga a todo jugador en situación de ataque que se encuentre apenas unos centímetros adelantado con respecto al último rival (sin contar el arquero). Tal rigidez hace muy difícil para cualquier juez de línea ver si efectivamente existe offside o no, ya que debe tener la vista en tres lugares al mismo tiempo: el lugar de donde parte el pase, la ubicación del jugador receptor y también la del defensor. Es una tarea físicamente imposible para el ser humano (solo tenemos dos ojos y estos no pueden disociarse). De allí la alta tasa de error en la aplicación de esta regla.

Tantos años de errores, quejas y altercados parecían haber llegado a su fin con el VAR, esa herramienta que la FIFA presentó como la solución a todas las injusticias. Nada mas lejos de la realidad. El VAR solo trajo mas polémica, sometiendo a los jueces a una nueva y colosal presión. Mientras los asistentes VAR están sentados cómodamente en un cubículo mirando pantallas, los jueces en el campo de juego corren y transpiran en medio de un ambiente potencialmente hostil. Los jueces de línea deben prestar especial atención al offside, una regla en la que la tecnología corre (sin mover un solo pie) con ventaja. Es así que estos se encuentran en una situación de desigualdad con respecto al VAR, lo que causa una lógica erosión de su autoridad. Cada vez hay mas ejemplos donde el juez principal se "desautoriza" a sí mismo luego de ir el VAR.

Es así entonces que el fútbol de hoy día dura mas tiempo, no porque sume minutos de juego, sino porque suma minutos de confusión, expectativa, tensión...sin que la pelota esté rodando. El VAR es el peor antídoto para un show: genera anticlímax. Después de gritar un gol, aprestarse para sacar del medio o antes de ejecutar un penal, tanto jugadores como público deben revertir sus emociones porque el VAR así lo indica. El referí como autoridad máxima se desvanece, la gente en las tribunas no entiende y los jugadores no saben a quien culpar o agradecer. A una máquina quizás? El fútbol ya no es un escape a los avatares de la vida cotidiana, sino que es parte de la misma realidad dominada por un ojo virtual que todo lo ve y ante el que no hay derecho a réplica (¿fútbol orwelliano?).

El fútbol como ilusión óptica esta herido de muerte. Un juego donde la "avivada" implicaba un alto riesgo pero era posible, va camino a ser una mera actividad atlética sin posibilidad de engaño, sin lugar para la intervención divina (ver "Mano de Dios"). Un deporte que condena hechos pasados y vuelve constantemente para atrás deja de fluir, de avanzar y desautoriza al juez principal, que decide con la espada de Dámocles sobre su cabeza. Esta presión extra lo lleva a "equivocarse" mas frecuentemente, ya que compite en objetividad y agudeza con multiples cámaras ampliamente superiores en visualización de jugadas.

El fútbol nació para el deleite humano como espectáculo en vivo, no para el goce masturbatorio a través de cámaras que muestran la misma jugada repetidas veces en cámara lenta desde diferentes ángulos, borrando cualquier posibilidad de ilusión. Es como si filmáramos a un mago y regresáramos sobre las imágenes cuadro por cuadro hasta descubrir el truco. La magia de la tecnología esta matando la magia humana. Todo en nombre de la justicia.

¿Que dirían del VAR esos grandes filósofos de bar como Soriano, Galeano, Fontanarrosa? La interpretación de jugadas debe ser inmediata e inapelable. La supremacía del juez depende de esas premisas. Si a los cuatro árbitros le añadimos cuatro asistentes VAR, solo estamos sumando vigilancia sobre situaciones de juego. La posibilidad de repetición de una jugada via TV nos convirtió a todos en árbitros de sillón, que critican la actuación de un juez desde la comodidad que ofrece la tecnología. El árbitro no puede darse el lujo de la repetición, sino que debe dirigir en medio de un ambiente que alterna velocidad, tensión y rudeza, donde el cansancio físico y mental incide en el juicio: en fin, la vida misma. La repetición es un lujo de los espectadores televisivos. Si esto se traslada al show en vivo, éste perderá continuidad y sobre todo, tiempo. En un deporte donde el cronómetro no para, que el árbitro se tome varios minutos para mirar una pantalla y hablar con personas que no están en el campo de juego atenta contra el ritmo que caracteriza al fútbol. Hasta ahora el futbol se metía en nuestra casa a través de la TV. Con el VAR hace el camino inverso: la TV se mete en el campo de juego, generando una influencia antinatural e inhumana, ya que depende de máquinas.

¿La solución? Para empezar, habría que flexibilizar la ley del offside. Ahi está el meollo de la cuestión, mas que en el VAR. Si el offside nació para eliminar la figura del "pescador," reflexionemos sobre cual sería una ventaja evidente para el equipo atacante. Unos centímetros a 40 metros del arco, a 30, a 20? El offside debería cobrarse solo cuando el cuerpo entero del jugador atacante esté separado completamente del defensor, mas allá de donde se encuentre cada uno. Dejaría de existir el offside "por un brazo" o "por una cabeza" (el fútbol no es una carrera de caballos). En caso de duda, el juez de línea no levantaría la bandera y en caso de gol el VAR no intervendría. Esto obligaría al defensor a esforzarse por evitarlo mas que en reclamar, como sucede ahora. Con una ley de offside flexible el juez de línea tendría menos dudas y su trabajo sería mas simple, dada la obviedad de un cuerpo separado de otro (atacante y defensor). Incluso si estos están separados por centímetros, ¿es esa una ventaja insalvable cuando el campo de juego es tan amplio? El VAR encorseta la dinámica futbolística eliminando los márgenes donde generalmente surge la oportunidad de convertir. El fútbol no es una ciencia exacta. Si la ventaja es excesiva, sería evidente y se cobraría. El error humano se reduce al mínimo sin permitir la intervención de la tecnología. ¿Resultado? No se jugaría nunca "al offside," habría menos interrupciones e indudablemente mas goles.

¿Y con el VAR que hacemos? No quisiera pecar de exceso de nostalgia por un pasado que no volverá, ya que la adicción a ver la repetición por TV me ha afectado como al resto de los mortales. Creo que el VAR debería copiar el uso exitoso que tiene en el tenis, donde su uso es restringido. Lo adecuado en el fútbol sería limitarlo solo a jugadas que ocurran dentro del área y terminen en gol, penal o reclamo del equipo atacante por la existencia de una falta no cobrada. En cada caso -gol, penal o no cobro del mismo- el equipo afectado deberá quejarse formalmente al juez por medio de su capitán. Cada equipo tendría solo dos chances en todo el partido para exigir revisión. Solo en esos casos el árbitro se vería obligado a acudir al VAR. No se revisarían todas las jugadas y ninguna a instancias del árbitro. Esto le daría un sentido al VAR mas acorde con la dinámica del fútbol, además de restituir la autoridad absoluta al juez principal. Sería una asistencia útil y obligaría a los equipos a pensar bien que jugadas merecen una queja formal para exigir revisión.


A esto mantendría la obviedad de asegurar via VAR que el balón cruce completamente la línea del arco para sancionar gol. En la ejecución de penales durante el partido también se podría usar, pero solo si quien patea denuncia que el arquero se adelantó sin que el árbitro lo advierta. Contaría como una de las dos chances que tiene el equipo de pedir revisión. El tiempo suplementario daría una oportunidad de revisión a cada equipo. Las oportunidades de revisión no usadas durante los primeros 90 minutos no se trasladarían al alargue. En caso de definición de partidos por penales se usaría el VAR en todos los disparos para ver si el arquero se adelanta, ya que es imposible para el referí mirar al portero y ejecutor al mismo tiempo.

Estos ajustes garantizarían un fútbol mas vistoso y con mayor cantidad de goles, mas auténtico y azaroso también, parecido al que se juega en potreros alrededor del planeta, donde no hay referís, jueces de línea y mucho menos VAR. Implicaría la incorporación de la tecnología, pero de manera focalizada, sin afectar la autoridad del árbitro y sus asistentes. La tecno-vigilancia aplicada al fútbol de forma anárquica no funciona porque transforma la dinámica de lo impensado en dinámica de lo observado. La búsqueda de justicia a través del escrutinio totalitario del juego solo lleva a una dictadura tecnológica que deja poco lugar para la ilusión óptica, esa que solo se puede apreciar con el ojo desnudo y en vivo, sin posibilidad de repetición. Si no lo viste, perdiste.