GINOBILI: LA ESTRELLA DE LA SUERTE

(Por Fernando Madera)  

"Tuve suerte" dice Ginóbili para explicar su éxito. Todos sabemos que no es tan así, pero él se toma su tiempo para contar por que se considera un tipo con suerte ante la multitud que lo fue a despedir al estadio de San Antonio Spurs, el lugar donde se gestaron tantas alegrías para fans de Manu en todo el mundo.

"No elegí nacer donde nací, fue suerte" asegura, refiriéndose a Bahía Blanca, una ciudad "que respira básket" según sus propias palabras. Así arrancó Emanuel David Ginóbili su discurso de despedida, con una caricia al lugar que lo vió nacer. Después siguió agradeciendo. En su largo y emotivo discurso no hubo un solo autoelogio: agradeció a los hinchas -de acá y de allá-, a la familia, a los compañeros, los entrenadores, ayudantes, a su esposa e hijos...y nuevamente a los fans. Manu es un tipo con suerte. Y un agradecido. También es un grandioso jugador de baloncesto y es por eso que San Antonio Spurs retiró su camiseta, la ahora eterna número 20.

Manu dice que tuvo suerte porque nunca se imaginó llegar tan lejos. Y que fue una seguidilla de eventos fortuitos los que lo llevaron al lugar donde está hoy, en lo mas alto de la cancha donde festejó los cuatro títulos que ganó con el equipo de las espuelas. Cuenta que a lo largo del tiempo fue cambiando sus metas, siempre poniendo la vara un poco mas alta a medida que avanzaba. Primero brilló en Argentina, luego en Europa y finalmente -y por 16 temporadas!- en la NBA. Cuando llegó ahí -número 57 del draft- ("no estuve en el top 5" bromea ante el público que lo ama) su objetivo realmente cambió: "vine a jugar al equipo campeón. Debía demostrar que pertenecía" explica, mientras camina en zapatos y traje por el parquet donde transpiró la camiseta del equipo texano de 2002 a 2018. Antes de ir a Estados Unidos desde Italia, Manu no sabía nada de San Antonio, pero cuando la gente lo recibió con los brazos abiertos y coreando su nombre, sintió algo especial: pertenencia, ese nexo que en ciertas ocasiones se crea entre un jugador y la gente: "You had my back! (Ustedes me cubrían la espalda!)" le grita Manu a las tribunas, revelando el por qué de ese esfuerzo extra que fue la marca de su carrera. Manu encontró una familia en San Antonio. Luchó para llevarle alegría. Y no defraudó.

El otrora pibe de pelo rebelde y hoy calvo Sr Ginóbili se paró en el medio del estadio y habló como si estuviera en un living. El living de SU casa. Alternando inglés y castellano, hizo sentir a todos de manera especial, como tantas noches, como tantas finales, como tantos desfiles victoriosos con un trofeo en brazos. Lejos de allí, en Argentina, sus compatriotas miraban con ojos llorosos como esa leyenda le decía adiós al deporte que nos hizo soñar con ser los mejores del mundo...y lograrlo. Fue en Grecia que la Generación Dorada se coronó de laureles y le hizo un lugar a Manu en el Olimpo de los ídolos: Manu en el aire, con su último esfuerzo, en el último segundo, logrando el milagro. Lo hizo varias veces. Esa fue la mas recordada y dramática. La mas gritada. La olímpica.



A Manu le gustaba vivir las situaciones de juego que el basket ofrece. Siempre fue un enamorado de su dinámica, velocidad, creatividad. Manu no era un talento nato, sino un laburante de overall. No desaprovechó la chance que le dió la suerte y se esforzó para estar a la altura de su nuevo equipo, el campeón defensor de la liga. Así obtuvo el primer anillo en su primera temporada. Y nunca se fué. Manu mejoraba día a día y se hacía indispensable en el equipo de Greg Popovich, el histórico DT de los Spurs. Al principio, Popovich intentó "corregir" el desparpajo de Manu en la cancha, para luego "aceptarlo y dejarlo  jugar como él sabe."

Recordemos que Manu casi nunca fue titular en Los Spurs, pero era al que se recurría cuando las papas quemaban. Un coach valora tener esa arma en el banco tanto como a las superestrellas del equipo, que justamente estaban sentados a su lado: Tim Duncan y Tony Parker. El trío fantástico que formaron con Ginóbili -"The Big Three"- batió varios récords y le dió una vuelta de tuerca al trillado concepto "juego de equipo." A aquellos que los criticaban por no ser vistosos, respondían con una movilidad de balón inusitada y varios triunfos al hilo. Manu solía tirar asistencias de rebote entre las piernas de los rivales, haciendo de la NBA el show que todos esperan. Manu había encontrado su lugar en el mundo. Planeaba quedarse a ganar y disfrutar con la gente. Él sólo debía poner esfuerzo, algo fácil comparado con el honor de estar allí. Manu defendió su casa, su gente, su ciudad y su equipo como una fiera, y en el proceso construyó una palacio de gloria. Manu entregó todo. Y en su despedida, la gente le entregó su corazón, colgando su camiseta donde todos la puedan ver. Para siempre.

Nota al pie
Una vez tuve la oportunidad de compartir un rato con Manu Ginobili, en ocasión de una visita que hizo a Tierra del Fuego con su esposa, hace mas de diez años. Yo era corresponsal de un medio nacional donde Manu escribía columnas, el diario La Nación. Como estaba apostado en Cerro Castor, me invitaron a compartir un almuerzo allí con él. Justo ese día, las condiciones de montaña eran increíbles y yo no quería dejar de esquiar. Brillaba el sol y había nevado la noche anterior. Inmejorable. Llegué un ratito tarde al almuerzo con una sonrisa de oreja a oreja. Me senté y exclamé "el mejor día de la temporada!" Así se rompió el hielo. El paisaje, el cordero y el vino que se permitió beber de manera excepcional, matizaron una charla amena donde vi a un tipo tranquilo, centrado, algo reservado y muy feliz de poder hacer lo que estaba haciendo, una gira de promoción nacional de basket infantil. "A los chicos les encantaría esto" expresó en un momento mientras admiraba la belleza del bosque fueguino. "Que chicos?" le pregunté. -"Tim, Tony. Los chicos." -"Ah" contesté. "Los chicos" para él eran esas grandes estrellas que uno ve por la tele. Me reí para adentro, notando el abismo que había entre él y yo, dos personas de casi la misma edad.

Antes de terminar el almuerzo, le dije que tenía tres amigos olímpicos que querían saludarlo. "Dale" me contestó y es así que le presenté a Macarena, Belén y Cristian Simari-Birkner, representantes argentinos en esquí alpino. Cuando ellos le contaron que ese día habían competido, les preguntó enseguida "Como les fué?" Fue un breve intercambio entre deportistas de elite donde por un instante los vi al mismo nivel, personas que sienten orgullo de representar un país donde sea que estén. Hicimos unas fotos divertidas, posando con las coloridas tablas de los Simari y después se metió en una camioneta rumbo al Polideportivo, donde lo esperaban miles de niños deseosos de conocerlo. Allí, ni bien entró, un chico le dió un balón y el lo lanzó de triple en el primer intento. Convirtió y el Poli estalló. No podía ser de otra manera. Cuando de emociones se trata, Manu no falla.

Al otro día hubo una conferencia de prensa, donde le pregunté si, ya que había entrado a la década de los 30, estaba pensando en que hacer después del retiro: coach quizás? Me respondió riendo y asegurándome que después de verlo a Popovich aguantar tanto estrés, nunca se le ocurriría ser coach, pero sí seguir relacionado al basket de alguna forma. Mi pregunta se mantuvo vigente mas de diez años, ya que cada temporada que pasaba Manu jugaba mejor, se superaba a si mismo, se calzaba otro anillo...

Emanuel Ginóbili se retiró a los 41 años de edad, dejándonos un tendal de momentos inolvidables para recordar e inspirarnos a ser mejores, ya sea en la cancha o fuera de ella, porque mas allá de haberlo ganado todo, Manu es un campeón de la vida.